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| Imagen El Peruano |
Aquel día, “El Jefe” elevó un llamado profundo: “Hagamos del dolor acción, creación, gesta, luz, camino, cumbre. Hagamos del dolor ruta.”
Recordó a los que ya no estaban, expresó su angustia por quienes no podían volver y reafirmó que el Aprismo —como espíritu, como causa social y como obra histórica— era, ante todo, una forma de convertir el sufrimiento colectivo en impulso transformador.
Evocando también el 8 de diciembre de 1931, Haya marcó el inicio de una nueva etapa:
“Este es un día promisorio. El Aprismo está en marcha. El Aprismo va a realizar su obra.”
Con un mensaje que interpelaba directamente al compromiso y la responsabilidad histórica, insistió en no detenerse ante la primera dificultad. Destacó que el verdadero valor del sacrificio radica en hacerlo por una causa justa, por un ideal capaz de regenerar y dignificar al Perú.
El llamado final fue para la juventud:
Una generación que debía asumir el liderazgo, defender la doctrina y proyectarla hacia el porvenir como un camino de justicia.
Una jornada que quedó inscrita como símbolo de fortaleza, memoria y renovación.
Fuente: Historia de una enemistad que selló con sangre, con comentarios de la c. Nydia Málaga, Lince.(FIN/AOTDA/NM)
Reproducción autorizada con la mención siguiente: ©LineAprista

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